Los principales puertos petroleros de Rusia en el mar Báltico, Primorsk y Ust-Luga, han vuelto a interrumpir sus operaciones tras una nueva oleada de ataques con drones atribuidos a Ucrania, en lo que se perfila como la ofensiva más significativa contra infraestructuras energéticas rusas desde el inicio del conflicto.
El ataque más reciente tuvo lugar este miércoles en Ust-Luga, donde se produjo un incendio de gran magnitud que obligó a paralizar la carga de crudo y derivados. Días antes, Primorsk había sido blanco de una acción similar. Ambas terminales habían reanudado su actividad el lunes, luego de un primer episodio de ataques el fin de semana, lo que evidencia la creciente frecuencia y precisión de estas operaciones.
Estas instalaciones son estratégicas para la exportación de petróleo ruso hacia mercados internacionales. Primorsk maneja más de un millón de barriles diarios, principalmente del crudo tipo Urales, mientras que Ust-Luga canaliza decenas de millones de toneladas de productos petroleros al año. La interrupción simultánea de ambas terminales compromete de forma directa la capacidad de Rusia para sostener sus flujos de exportación por el Báltico, una de sus principales salidas hacia Europa y otros destinos.
El gobernador de la región de Leningrado, Alexander Drozdenko, confirmó el incendio en Ust-Luga tras el impacto de drones, aunque no se reportaron víctimas. Sin embargo, el incidente pone en evidencia la vulnerabilidad de infraestructuras clave incluso en zonas alejadas del frente directo de combate.
Desde Kiev, estas acciones forman parte de una estrategia más amplia orientada a debilitar la base económica rusa, atacando refinerías, depósitos y rutas logísticas. En las últimas semanas, Ucrania ha incrementado la intensidad de estas operaciones, coincidiendo con el estancamiento de las negociaciones diplomáticas impulsadas por Estados Unidos.
En paralelo, el Estado Mayor ucraniano aseguró haber alcanzado un buque patrullero rompehielos en construcción en el puerto de Víborg, destinado al Servicio Federal de Seguridad ruso. Aunque no se han precisado los daños, el episodio amplía el alcance de los ataques más allá de instalaciones energéticas hacia activos navales.
Las autoridades rusas, por su parte, informaron que durante la noche se lanzaron 386 drones contra su territorio, de los cuales 56 estaban dirigidos a la región de San Petersburgo, donde se ubican estas terminales.
El impacto del conflicto también comienza a sentirse fuera de Rusia. Estonia y Letonia reportaron incursiones de drones en su espacio aéreo en coincidencia con los ataques, mientras que Lituania había informado previamente de un incidente similar. En Estonia, uno de los aparatos impactó en una infraestructura energética cercana a la frontera rusa, sin causar víctimas.
Para el comercio internacional, estos acontecimientos añaden presión a un mercado energético ya condicionado por otros focos de inestabilidad geopolítica. La interrupción de exportaciones desde el Báltico no solo afecta a los volúmenes disponibles, sino que también introduce incertidumbre en las rutas logísticas y en la formación de precios del crudo, con posibles repercusiones en cadenas de suministro globales en el corto plazo.