La disputa entre Estados Unidos y China por la influencia en América Latina atraviesa uno de sus momentos más tensos, y estos días el Canal de Panamá se ha convertido en el principal escenario de esa confrontación. Un fallo reciente del Tribunal Supremo panameño, que declaró inconstitucional la concesión otorgada a una empresa vinculada a Hong Kong para operar puertos estratégicos del canal, expuso con claridad la profundidad del conflicto geopolítico y el alcance de la ofensiva estadounidense para limitar la presencia de Beijing en el hemisferio occidental.
La resolución judicial afecta a Panama Ports Company, filial de la multinacional CK Hutchison, un conglomerado con sede en Hong Kong que opera terminales portuarias en todo el mundo. En Panamá, la empresa administra desde hace años dos puertos clave, ubicados en ambos extremos de la vía interoceánica, por donde circula cerca del 40% del tráfico anual de contenedores de Estados Unidos. El tribunal concluyó que el contrato de concesión violaba la Constitución del país centroamericano, lo que abrió un nuevo frente de tensión diplomática y económica.
La reacción de China fue inmediata y de tono inusualmente duro. La oficina de Beijing encargada de los asuntos de Hong Kong calificó el fallo como “vergonzoso y patético” y acusó a Panamá de actuar bajo la presión de la hegemonía estadounidense. En un comunicado extenso, advirtió que el país podría enfrentar “un alto precio político y económico” si mantiene su postura, al tiempo que aseguró que China cuenta con los medios necesarios para proteger a sus empresas y defender un orden económico internacional que considera justo.
El Canal de Panamá se ha transformado así en una prueba clave de la estrategia de la administración del presidente Donald Trump, que ha dejado en claro su intención de impedir que potencias extrahemisféricas controlen activos considerados estratégicos para la seguridad y el comercio regional. Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha endurecido su discurso contra la presencia china en América Latina y ha señalado al canal como un punto crítico, incluso reiterando afirmaciones de que Beijing ejerce influencia directa sobre su operación, algo que las autoridades panameñas han negado.
En paralelo al fallo judicial, el Gobierno de Panamá inició auditorías sobre las operaciones de Hutchison Ports y anunció su retiro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el ambicioso plan de infraestructura global impulsado por el presidente chino Xi Jinping. La decisión tuvo un fuerte impacto simbólico, ya que Panamá fue el primer país latinoamericano en adherirse a ese proyecto en 2017, y marcó un giro en su política exterior en medio de la creciente presión estadounidense.
El conflicto se desarrolla en un contexto de profunda interdependencia económica. China ha consolidado en los últimos años una presencia significativa en América Latina y el Caribe, con más de 500.000 millones de dólares anuales en comercio y una fuerte inserción en sectores estratégicos como energía, telecomunicaciones, minería e infraestructura. En el caso de Panamá, Beijing superó a Estados Unidos como principal socio comercial en 2019, según datos de Naciones Unidas, lo que le otorga una importante capacidad de influencia.
Analistas advierten que China podría recurrir a medidas comerciales, de inversión o financieras para presionar a Panamá y enviar una señal al resto de la región. Sin embargo, también señalan que una respuesta excesivamente dura podría resultar contraproducente para Beijing, que busca presentarse como una alternativa estable al liderazgo estadounidense, especialmente ante las economías emergentes.
Al mismo tiempo, el caso genera cautela entre las empresas chinas, que observan cómo el endurecimiento de la política estadounidense puede traducirse en obstáculos legales y regulatorios para inversiones estratégicas cercanas a la esfera de influencia de Washington. Para Estados Unidos, en cambio, el fallo del tribunal panameño es interpretado como una señal de que la presión sostenida puede rendir frutos y alentar acciones similares en otros países.
Mientras la disputa continúa, el Canal de Panamá emerge como un símbolo de la lucha de poder entre las dos principales economías del mundo, una confrontación que trasciende lo comercial y que redefine el equilibrio geopolítico en América Latina.
Fuente: CNN