La campaña agrícola 2025/26 en Paraguay muestra señales mixtas en los principales cultivos de la Región Oriental. Mientras la soja registra una expansión de superficie sembrada y consolida su rol como motor del sector agroexportador, el maíz evidencia una fuerte retracción, reflejo de un escenario productivo condicionado por factores climáticos y económicos.
De acuerdo con el informe del Instituto de Biotecnología Agrícola (Inbio), la superficie de soja alcanzó las 3.683.148 hectáreas, lo que representa un incremento de 49.302 hectáreas respecto a la zafra anterior. Este crecimiento se concentró principalmente en los departamentos del norte, como Canindeyú, Amambay y San Pedro, zonas que habían sido afectadas por sequías en campañas previas y que ahora muestran señales de recuperación productiva.
El liderazgo en superficie sembrada continúa en manos de Alto Paraná, con 946.011 hectáreas, aunque con una leve caída del 2% en relación con la campaña 2024/25. Le siguen Itapúa, con 726.519 hectáreas, y Caaguazú, con 456.509 hectáreas, este último con una variación positiva. La expansión del cultivo de soja mantiene su impacto estratégico en la economía paraguaya, tanto por su aporte a la generación de divisas como por su capacidad de dinamizar industrias asociadas y sostener el empleo rural.
En contraste, el panorama del maíz muestra una tendencia descendente. La superficie sembrada se redujo a 39.311 hectáreas, lo que implica una caída de 16.099 hectáreas frente al ciclo anterior. Se trata de un retroceso significativo que devuelve al cultivo a niveles similares a los registrados en 2022, un año marcado por condiciones climáticas adversas.
A nivel territorial, Canindeyú se mantiene como el principal productor de maíz, con 8.785 hectáreas, aunque también experimentó una reducción en su área sembrada. La contracción más pronunciada se registró en Itapúa, donde la superficie cayó en más de 9.000 hectáreas, seguida por Caaguazú, con una disminución superior a las 3.000 hectáreas.
Especialistas del sector señalan que este comportamiento responde a una combinación de factores, entre ellos la volatilidad climática, la baja de precios internacionales y el incremento de los costos de producción, elementos que influyen directamente en las decisiones de siembra de los productores. En este contexto, la campaña 2025/26 refleja un escenario de ajustes productivos y mayor selectividad en la asignación de recursos, con la soja consolidándose como el cultivo más competitivo dentro de la matriz agrícola paraguaya.