El estrecho de Ormuz continúa operando muy por debajo de sus niveles habituales pese al alto el fuego provisional entre Estados Unidos e Irán, en un escenario marcado por el control militar iraní, nuevas restricciones al tránsito y crecientes riesgos para el comercio energético global.
A 24 horas del anuncio de la tregua, el flujo marítimo no mostró señales claras de recuperación. Desde el inicio del conflicto, el 28 de febrero, apenas unos siete buques por día han logrado cruzar el estrecho, muy lejos de los más de 130 tránsitos diarios registrados antes de la escalada bélica. En la jornada posterior al acuerdo, el número de cruces exitosos se mantuvo prácticamente sin cambios.
La situación se agravó tras la decisión de Irán de suspender el paso de petroleros, en respuesta a los ataques israelíes contra Hezbolá en Líbano. Aunque inicialmente se autorizó el tránsito de dos buques tanque, el movimiento fue posteriormente frenado, reforzando la percepción de que Teherán mantiene un control estricto sobre esta ruta clave para el suministro mundial de crudo.
La incertidumbre aumentó aún más luego del ataque iraní al oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, infraestructura esencial para exportar petróleo hacia el mar Rojo ante el cierre de Ormuz. El ducto transporta cerca de 7 millones de barriles diarios y los daños podrían agravar una crisis energética que ya tensiona los mercados internacionales.
En paralelo, la Organización de Puertos y Asuntos Marítimos de Irán publicó un nuevo esquema de navegación en el estrecho, alegando riesgo de minas marinas. La nueva disposición redirige a los buques entrantes por un corredor norte bajo supervisión de la Guardia Revolucionaria, mientras que las salidas quedan canalizadas por una ruta sur también bajo alcance de escoltas iraníes. Analistas advierten que este rediseño consolida la capacidad de Teherán para monitorear y gestionar selectivamente el tráfico marítimo.
La firma de seguridad marítima Vanguard Tech sostuvo que la medida no crea una ruta nueva, sino que formaliza un patrón de tránsito de guerra, reforzando la influencia operativa de Irán sobre el paso marítimo.
Ante este escenario, el presidente francés Emmanuel Macron anunció que unos 15 países trabajan en una misión defensiva coordinada para facilitar la reanudación segura del tránsito comercial, aunque aún no se conocen detalles concretos sobre su despliegue.
Las navieras mantienen cautela. El director ejecutivo de Hapag-Lloyd, Rolf Habben Jansen, advirtió que la normalización llevará tiempo y estimó que la crisis genera pérdidas semanales de entre 50 y 60 millones de dólares para la compañía. Maersk también señaló que aún no existen garantías suficientes para retomar operaciones regulares.
Por su parte, el analista de Xeneta, Peter Sand, alertó que el conflicto sigue afectando la capacidad global del transporte marítimo en unos 250.000 TEU semanales, lo que dificulta una recuperación rápida incluso con una tregua temporal.
Fuente: Splash 247