Los gobiernos de Paraguay y Brasil darán un nuevo paso en la redefinición de su relación energética con un encuentro presidencial previsto para este domingo, en el marco de la reunión preparatoria de la COP15 sobre conservación de especies que se realizará en Campo Grande. En esa instancia, los mandatarios Santiago Peña y Luiz Inácio Lula da Silva revisarán el estado de las negociaciones sobre el Anexo C del Tratado de Itaipú, un punto clave para el comercio de electricidad en la región.
El diálogo bilateral llega en un momento estratégico, marcado por avances técnicos recientes que, según autoridades de ambos países, abren la posibilidad de un entendimiento en el corto plazo. La revisión del Anexo C es especialmente relevante porque define las condiciones financieras de la hidroeléctrica y, en la práctica, determina cómo se comercializa la energía generada por una de las mayores represas del mundo.
Actualmente, el esquema vigente obliga a Paraguay a vender a Brasil el excedente de su energía a precios preferenciales, lo que ha sido objeto de cuestionamientos durante años por parte de Asunción. Desde la perspectiva paraguaya, este mecanismo limita su capacidad de insertarse en mercados más competitivos y de capturar mayores ingresos por exportación energética.
Sin embargo, las conversaciones recientes han introducido un cambio de enfoque. Ambos países alcanzaron un principio de acuerdo que permitiría a Paraguay colocar su excedente directamente en el mercado brasileño, incluyendo segmentos no regulados. De concretarse, esta apertura modificaría sustancialmente la dinámica comercial del sector eléctrico regional, ampliando las opciones de negociación y potencialmente elevando el valor de la energía paraguaya.
A esto se suma la revisión tarifaria acordada en 2024, que incrementó el precio pagado por Brasil en los próximos tres años. Este ajuste, aunque relevante, es considerado por analistas como una medida transitoria frente a un debate más profundo: el rediseño del modelo de comercialización energética entre ambos países.
El Anexo C, que debía ser revisado tras cumplirse 50 años de vigencia del tratado en 2023, se ha convertido así en el eje de una negociación con implicancias más amplias que el sector eléctrico. Su redefinición podría impactar en la competitividad industrial, en los flujos de inversión y en la integración energética del Cono Sur.
Pese a un antecedente reciente de tensiones —que incluyó la suspensión temporal de las conversaciones en 2024—, ambas partes han retomado el diálogo con señales de pragmatismo. En este contexto, la reunión entre Peña y Lula no solo tendrá un carácter político, sino también comercial, al sentar las bases de un nuevo esquema para la exportación de energía en uno de los corredores estratégicos de América del Sur.
La central de Itaipú, con una capacidad instalada de 14.000 megavatios, sigue siendo un activo clave para ambas economías: cubre la mayor parte de la demanda eléctrica paraguaya y una porción significativa del consumo brasileño. Su futuro regulatorio, por tanto, no solo definirá el equilibrio bilateral, sino también el rol de la energía como motor del comercio regional.