La Hidrovía Paraguay–Paraná comenzó a ocupar un lugar cada vez más relevante dentro del mapa geopolítico internacional, al convertirse en una infraestructura clave para el comercio de materias primas y en un punto de interés creciente para Estados Unidos y China. Este sistema fluvial, que atraviesa el corazón productivo de América del Sur, es observado como una vía estratégica para el transporte de recursos esenciales en un contexto global marcado por la competencia entre grandes potencias.
El corredor fluvial se extiende a lo largo de aproximadamente 3.200 kilómetros y conecta territorios de Brasil, Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay con el océano Atlántico. A través de sus ríos se movilizan más de 100 millones de toneladas de carga por año, lo que posiciona a la hidrovía como una de las principales rutas logísticas del continente. Entre los productos transportados se encuentran granos como soja y maíz, minerales como hierro y manganeso, además de recursos considerados estratégicos a nivel global, como litio, cobre y gas natural, incluyendo el proveniente del yacimiento argentino de Vaca Muerta.
El volumen y la diversidad de las cargas refuerzan el papel central de la hidrovía en el comercio internacional. Proyecciones del sector indican que, en los próximos años, esta vía fluvial podría concentrar hasta el 40 por ciento del comercio mundial de granos. En paralelo, se estima que el transporte de mineral de hierro podría alcanzar volúmenes cercanos a los 25 millones de toneladas anuales hacia 2030, consolidando aún más su relevancia económica.
Este escenario ha despertado el interés de actores internacionales. Analistas especializados señalan que China ha avanzado de manera sostenida en Sudamérica mediante inversiones en infraestructura, minería y agronegocios, buscando asegurar rutas eficientes para el flujo de materias primas hacia Asia. Dentro de esta estrategia se destacan proyectos portuarios de gran escala, como el puerto de Chancay, en Perú, que apunta a convertirse en un nodo logístico clave para el comercio con el mercado asiático y que podría integrarse con corredores bioceánicos y fluviales del continente.
Al mismo tiempo, Estados Unidos observa con atención estos movimientos y busca reforzar su presencia en una región que considera estratégica. Desde la visión estadounidense, la participación en infraestructuras críticas como la Hidrovía Paraguay–Paraná resulta fundamental para equilibrar la creciente influencia china en América del Sur. En este marco, empresas norteamericanas con experiencia en grandes sistemas fluviales, como el del río Mississippi, aparecen entre las interesadas en participar en proyectos vinculados al dragado, la señalización y el mantenimiento del canal de navegación.
Uno de los ejes más sensibles de la discusión se sitúa en Brasil, particularmente en el tramo de la hidrovía que atraviesa el estado de Mato Grosso do Sul. El gobierno federal impulsa un proyecto para transferir la gestión de ese sector a la iniciativa privada, lo que marcaría la primera concesión hidroviaria del país. El plan busca garantizar condiciones de navegación durante todo el año, mejorar la eficiencia logística y reducir los costos de transporte para los productores de la región.
No obstante, el avance de esta iniciativa se encuentra actualmente condicionado por el análisis del Tribunal de Cuentas de la Unión. Esta situación ha generado demoras y abre la posibilidad de que la concesión sea postergada hasta después del próximo ciclo electoral, con plazos que podrían extenderse hasta entrado el 2026 o incluso 2027. Mientras tanto, el proceso es seguido de cerca por empresas regionales e internacionales que evalúan oportunidades de inversión en el corredor fluvial.
Paraguay, por su parte, ocupa una posición estratégica dentro de la hidrovía y busca fortalecer su rol como eje logístico en la región. El país promueve esquemas de cooperación internacional orientados a mejorar la competitividad del transporte fluvial y la infraestructura portuaria, al tiempo que procura preservar el control soberano sobre una vía fundamental para su comercio exterior. Puertos como Villeta se encuentran entre los puntos de interés para compañías extranjeras que analizan ampliar su presencia en el sistema fluvial.
Más allá del impacto económico inmediato, la Hidrovía Paraguay–Paraná adquiere una dimensión política y estratégica en un contexto internacional marcado por la competencia entre Estados Unidos y China. La posibilidad de controlar o influir sobre un corredor que conecta regiones productivas clave con los mercados globales convierte a esta vía navegable en un activo central dentro de la disputa por influencia en Sudamérica.
De este modo, la hidrovía deja de ser solo una infraestructura de transporte para transformarse en un espacio donde confluyen intereses económicos, decisiones políticas y estrategias geopolíticas. Su desarrollo futuro estará determinado no solo por inversiones y obras de infraestructura, sino también por el equilibrio de poder entre los actores internacionales que buscan consolidar su presencia en la región.
Fuente: Correio do Estado