El euro ha vivido un año sin precedentes en 2025, registrando un inicio especialmente fuerte que se tradujo en una revalorización del 13,67% frente al dólar. Este avance se ha visto impulsado por una crisis de confianza en la divisa estadounidense, derivada de las políticas de Donald Trump y de los recortes de tipos de la Reserva Federal, mientras que el Banco Central Europeo (BCE) mantenía un enfoque más equilibrado. La búsqueda de diversificación de los inversores globales convirtió al euro en un refugio atractivo durante el año.
Christine Lagarde, presidenta del BCE, calificó esta situación como un posible “momento global del euro”, en el que la divisa podría consolidarse como alternativa relevante al dólar en el sistema financiero mundial.
Sin embargo, las subidas del euro también generaron alertas dentro del BCE. Luis de Guindos, vicepresidente del banco, señaló que si la moneda continuaba apreciándose, podría resultar problemático para la política monetaria. En concreto, los niveles de 1,2 dólares por euro son considerados críticos, mientras que actualmente la divisa se sitúa en torno a 1,18. Un euro más fuerte genera presión deflacionaria y representa un desafío para las empresas europeas.
De acuerdo con reportes de Barclays y Citi, una revalorización de aproximadamente un 10% del euro frente al dólar impacta directamente en las ganancias de las compañías, reduciéndolas en un 2% por la caída en las exportaciones. Durante la temporada de resultados del tercer trimestre, empresas como Siemens, Philips, Inditex, H&M, Adidas, LVMH, Volkswagen y Bayer advirtieron sobre los efectos negativos del tipo de cambio en sus beneficios.
El comportamiento del euro en 2025 mostró dos fases distintas. La primera mitad del año estuvo marcada por subidas pronunciadas, mientras que en la segunda mitad, la incertidumbre política y los aranceles recíprocos de Trump estabilizaron la moneda. Claudio Wewel, estratega de divisas en J. Safra Sarasin Sustainable AM, destacó que el impulso cíclico se debilitó y que la crisis política en Francia también afectó a la divisa.
De cara a 2026, los analistas anticipan que el euro podría retomar su rally. Según el consenso del mercado, desde el tercer trimestre del próximo año, la moneda podría acercarse a los 1,2 dólares, nivel que el BCE considera relevante para su política monetaria. Esta proyección refleja vientos de cola favorables para la divisa europea.
Entre los factores que podrían impulsar al euro, destacan las reformas fiscales de Alemania. El país levantó este año el tradicional “freno de deuda” que limitaba el déficit público, permitiendo mayor gasto en defensa, infraestructura y competencias regionales. Se espera que estas medidas refuercen la economía alemana y, en consecuencia, la moneda europea en 2026.
S&P Global estima que la nueva política fiscal alemana aportará cerca de cinco décimas al PIB del país el próximo año y que su impacto podría crecer en años posteriores. Para la zona euro en su conjunto, se proyecta un efecto positivo de entre una y dos décimas en el crecimiento económico, aunque con cierta incertidumbre sobre el impacto real a largo plazo.
La reactivación económica en la zona euro, combinada con la reducción prevista del diferencial de tipos —la diferencia de rentabilidad o interés entre dos activos financieros— entre la Fed y el BCE, genera un contexto favorable para el euro. La Reserva Federal ha recortado tipos en septiembre, octubre y diciembre, y se espera que continúe con esta política en 2026, mientras que el BCE mantiene sus tasas estables, lo que podría favorecer la apreciación de la divisa europea.
Schroders advierte que los déficits gemelos en Estados Unidos y un tipo de cambio elevado podrían preparar el terreno para una depreciación significativa del dólar, de entre 20% y 30%. Esta situación afectaría especialmente a las empresas europeas exportadoras, poniendo a prueba su competitividad en los mercados internacionales.
El impacto diferenciado se reflejará entre países: Alemania, con el 40% de su PIB expuesto a exportaciones, sería el más afectado, mientras que España, con un 32% del PIB vinculado a ventas al exterior, y Francia, con solo un 22%, experimentarían un menor impacto. Además, un euro fuerte ofrece ventajas en la compra de materias primas y energía, especialmente el gas adquirido a Estados Unidos, que se paga en dólares.
En resumen, los expertos coinciden en que el euro mantiene una ventaja estructural frente al dólar, sustentada en la independencia política del BCE y en la erosión del Estado de derecho en Estados Unidos. Según Safra Sarasin, estos elementos podrían consolidar una apreciación sostenida del euro en los próximos años.
Fuente: El Economista