El marcado debilitamiento del dólar a nivel global durante 2025 abrió una ventana de oportunidad para varias monedas de América Latina, que cerraron el año entre las de mejor desempeño frente a la divisa estadounidense. Se trató de la mayor caída anual del billete verde desde 2017, en un contexto de recortes de tasas en Estados Unidos, menor aversión al riesgo y un renovado interés de los inversores por los mercados emergentes, según un análisis de Bloomberg Línea.
Este escenario favoreció el ingreso de capitales hacia la región y permitió que varias monedas latinoamericanas se apreciaran con fuerza. El guaraní paraguayo lideró el ranking regional gracias a un entorno de estabilidad macroeconómica y a un diferencial de tasas atractivo para los inversionistas. El peso colombiano y el peso mexicano también sobresalieron, beneficiados tanto por el debilitamiento global del dólar como por flujos financieros que apuntalaron su desempeño a lo largo del año.
Otras monedas de la región, como el peso uruguayo, el real brasileño y el sol peruano, lograron apreciarse frente al dólar, apoyados en fundamentos macroeconómicos relativamente sólidos y en una mayor estabilidad financiera. En el caso de Chile, el peso se vio favorecido por la recuperación del precio del cobre, un factor clave para la economía del país.
Sin embargo, el desempeño no fue homogéneo en toda América Latina: algunas divisas continuaron bajo presión debido a desequilibrios internos, incertidumbre política o fragilidades fiscales, lo que demuestra que el fortalecimiento cambiario respondió tanto a factores externos como a condiciones propias de cada país.
De cara a 2026, el debate entre estrategas y bancos globales apunta a una mayor complejidad. Si bien varias proyecciones coinciden en que las monedas latinoamericanas mantendrían resiliencia ante un dólar que, pese a una caída general en 2025, podría repuntar moderadamente en la segunda mitad de 2026. Citi, por ejemplo, anticipa que el billete verde podría retomar parte de su fortaleza como moneda de reserva global en el segundo semestre, aun cuando el panorama general sigue marcado por incertidumbres sobre política monetaria y fiscal en Estados Unidos y en el resto del mundo.
Según este análisis, la Reserva Federal de EE.UU. podría haber terminado su ciclo de recortes de tasas para entonces, y una economía estadounidense más dinámica podría impulsar cierta recuperación del dólar, aunque no de manera abrupta. Bajo este escenario, las economías latinoamericanas estarían en posición de absorber este leve cambio de tendencia sin presiones cambiarias excesivas.
No obstante, otros bancos como Wells Fargo advierten sobre posibles presiones si el dólar se fortalece ampliamente en la segunda mitad del año, especialmente en países con mayores riesgos políticos internos. A la vez, entidades como Bank of America mantienen una visión más bajista sobre el dólar, destacando oportunidades vinculadas a monedas latinoamericanas para estrategias de inversión.
En síntesis, 2025 fue un año excepcional para varias monedas de América Latina frente a un dólar debilitado, pero 2026 se perfila como un periodo en el que los movimientos cambiarios dependerán de cómo evolucionen las decisiones de los bancos centrales, los fundamentos de las economías locales y las condiciones globales de inversión.