La escalada del conflicto en Oriente Medio ha desatado una carrera global por asegurar fertilizantes, insumo clave para la producción agrícola, en un momento crítico previo a la siembra de primavera en el hemisferio norte. La interrupción de rutas estratégicas y el aumento de precios reavivan el riesgo de una nueva crisis alimentaria mundial.
El mercado de fertilizantes vuelve a evidenciar la estrecha relación entre energía y alimentos. La región del Golfo Pérsico, fundamental por sus reservas de gas natural y minerales, concentra una parte significativa de la producción de nutrientes esenciales para cultivos como maíz, trigo y arroz. Sin embargo, las tensiones geopolíticas han afectado gravemente los flujos comerciales, especialmente tras la paralización del estrecho de Ormuz, punto clave para el tránsito marítimo global.
Las consecuencias ya se reflejan en los precios. La urea registra fuertes alzas y el suministro de fosfatos enfrenta crecientes restricciones. En este contexto, grandes exportadores como China y Rusia han limitado sus ventas, mientras otros países adoptan medidas de emergencia para proteger sus mercados internos.
India, el mayor importador mundial de urea, enfrenta dificultades para garantizar el abastecimiento. El primer ministro Narendra Modi aseguró que el gobierno está reforzando las reservas estratégicas y ampliando el apoyo a los agricultores. En Europa, países como Grecia y Francia han incrementado los subsidios, mientras que Ghana ha optado por distribuir fertilizantes de forma gratuita.
El encarecimiento de estos insumos amenaza con trasladarse a los precios de los alimentos, justo cuando la inflación agrícola comenzaba a estabilizarse tras varios años de shocks globales. El gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, advirtió sobre nuevas presiones inflacionarias en el corto plazo.
En Estados Unidos, la administración del presidente Donald Trump ha implementado medidas para mitigar el impacto, incluyendo la flexibilización de normas logísticas y la suspensión de sanciones a fertilizantes venezolanos. La secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, afirmó que se están evaluando todas las herramientas disponibles para aliviar los costos de producción.
La competencia internacional por los suministros se intensifica. Brasil ha acelerado sus compras a Marruecos y países del Golfo, y explora alianzas energéticas con Bolivia. En paralelo, la empresa estatal colombiana Ecopetrol analiza oportunidades para asegurar insumos estratégicos en el Caribe.
“Todo el mundo está buscando asegurar su abastecimiento”, resumió un analista del mercado, reflejando la creciente presión sobre las cadenas globales.
A diferencia de crisis anteriores, como la derivada de la guerra en Ucrania en 2022, el actual conflicto afecta una proporción aún mayor del comercio mundial de fertilizantes nitrogenados. Oriente Medio concentra más de un tercio de las exportaciones de urea y una parte relevante del amoníaco global, además de ser un punto clave en el comercio de azufre.
Las economías más vulnerables enfrentan los mayores riesgos. En África subsahariana y el sur de Asia, donde la dependencia de importaciones es alta, el encarecimiento de insumos podría agravar la inseguridad alimentaria. Nigeria ya reporta retrasos en suministros, mientras productores advierten dificultades para sostener cultivos clave.
En este escenario, China emerge como un actor determinante. Su capacidad productiva y control de exportaciones le permiten asegurar su mercado interno y aumentar su influencia global.
Si el conflicto se prolonga, el impacto podría extenderse a toda la cadena alimentaria. Con márgenes agrícolas en descenso y costos en aumento, el equilibrio del sistema global de alimentos vuelve a estar bajo presión.
Fuente: Adaptado de un informe de Pratik Parija, Ilena Peng y Eleanor Thornber para Bloomberg Línea.