El proyecto del Gasoducto Bioceánico volvió a tomar impulso tras una reunión entre autoridades de Paraguay y Argentina centrada en definir las condiciones necesarias para atraer capital privado y garantizar la viabilidad financiera de la obra.
Durante el encuentro, realizado el 23 de abril, representantes de ambos gobiernos analizaron aspectos regulatorios, esquemas de compra de gas y mecanismos contractuales que permitan dar previsibilidad a los inversionistas. La meta es consolidar una infraestructura capaz de conectar recursos energéticos de la región y fortalecer el abastecimiento en el Cono Sur.
Uno de los principales desafíos sigue siendo asegurar una demanda sostenida, especialmente en Paraguay y Brasil. El esquema de inversión requiere contratos de consumo a largo plazo que permitan respaldar el financiamiento del ducto, además de condiciones de precio competitivas que hagan atractivo el proyecto.
Desde el Viceministerio de Minas y Energía consideran que el gas natural será clave para sostener la capacidad de generación eléctrica y mantener la estabilidad energética necesaria para acompañar el crecimiento industrial. También se apunta a crear condiciones favorables para sectores de alta demanda energética, como centros de datos y desarrollos vinculados a inteligencia artificial.
En paralelo, Paraguay avanza en la elaboración de una normativa específica para el transporte de gas por ductos, mientras Argentina estudia instrumentos que faciliten nuevas inversiones en infraestructura de exportación. Ambas medidas son consideradas fundamentales para dar seguridad jurídica al emprendimiento.
En el Chaco paraguayo, zonas como Mariscal Estigarribia y Carmelo Peralta aparecen como puntos estratégicos por su demanda potencial. Las autoridades consideran que el acceso al gas no solo permitirá atender necesidades inmediatas de abastecimiento, sino también mejorar la competitividad productiva de esa región.
A nivel técnico, todavía se analiza si el trazado estará destinado únicamente al mercado interno o si avanzará hasta Brasil para integrarse a una red energética más amplia. De concretarse esa expansión, el país podría posicionarse como un centro regional de tránsito y distribución de gas en el Cono Sur.