El sector agroindustrial brasileño comenzó a desviar una parte significativa de sus exportaciones hacia Oriente Medio a través del Mar Rojo, en respuesta al cierre del estrecho de Ormuz tras el estallido del conflicto entre Irán y Estados Unidos a fines de febrero. La reconfiguración logística busca sostener el flujo comercial hacia una región clave para productos como carne, pollo, azúcar y cereales.
El impacto del conflicto se reflejó en una caída de los envíos durante marzo. Las exportaciones de carne bovina a países cercanos a la zona de guerra descendieron a 18.000 toneladas, frente a las 22.000 de febrero, mientras que los embarques de pollo retrocedieron un 18,5% en el mismo período. Sin embargo, representantes del sector subrayan que la demanda se mantiene firme, impulsada por la necesidad de los países importadores de garantizar su seguridad alimentaria.
Ante la interrupción de rutas tradicionales, los envíos ahora se canalizan hacia puertos saudíes en el Mar Rojo, como Yeda, Yanbu y Rey Abdullah. Desde allí, las mercancías continúan por vía terrestre o mediante transporte marítimo regional hacia sus destinos finales en el Golfo. Este corredor, históricamente secundario, se ha convertido en una alternativa central para sostener el comercio.
El ajuste logístico ha sido acompañado por acuerdos con grandes navieras internacionales, que desde marzo incorporaron nuevas escalas en la región, ampliando la capacidad de transporte. A su vez, Arabia Saudita flexibilizó normas de ingreso para facilitar el tránsito de productos, mientras Brasil orienta a sus exportadores sobre el uso de esta ruta.
Pese a la continuidad operativa —con cerca del 80% del volumen aún en circulación—, los costos se dispararon. El envío de un contenedor refrigerado pasó de unos 3.000 a más de 7.000 dólares, presionando a exportadores que negocian con navieras para amortiguar el impacto. En muchos casos, los importadores han absorbido parte de estos sobrecostos para evitar interrupciones en el suministro.
Oriente Medio representa alrededor del 15% de las exportaciones de carne de Brasil, un país que mantiene una fuerte dependencia del sector agroindustrial en su comercio exterior. En 2025, las ventas a países árabes alcanzaron 21.340 millones de dólares, con un predominio del 72% de productos agrícolas y ganaderos.
Fuente: Splash 247, con datos de Folha de S. Paulo