La economía mundial, que comenzaba a estabilizarse tras la pandemia, enfrenta nuevas tensiones a raíz de la guerra en Medio Oriente. El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que el conflicto podría afectar la recuperación global, con menor crecimiento, mayor inflación y riesgos vinculados al mercado energético.
La economista del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), Débora Eilender, señaló que el impacto será relevante, aunque desigual entre regiones. Según explicó, el FMI ajustó la previsión de crecimiento global de 3,3% a 3,1%, una corrección moderada en apariencia, pero significativa en un contexto de expansión ya debilitada respecto a los niveles previos a la pandemia.
Uno de los factores centrales es la incertidumbre. El organismo plantea distintos escenarios en función de la duración del conflicto. El escenario base contempla el fin de la guerra a mediados de 2026, pero advierte que una prolongación podría agravar los efectos negativos, especialmente por el encarecimiento del petróleo y las disrupciones en el comercio internacional.
A nivel regional, el impacto varía. Europa aparece como una de las zonas más afectadas debido a su dependencia energética, mientras que América Latina muestra una leve mejora en sus perspectivas de crecimiento, pasando de 2,2% a 2,3%, impulsada por el aumento de los precios de los commodities. Sin embargo, persisten diferencias entre países exportadores de energía y aquellos que dependen de importaciones.
En el caso de Uruguay, aunque aún no hay proyecciones específicas del FMI, estimaciones del Banco Mundial sitúan el crecimiento en torno al 1,6%. Eilender indicó que el impacto es mayormente negativo, ya que el país es importador neto de petróleo, lo que eleva los costos de producción y presiona sobre los precios internos.
Además, el aumento de los fertilizantes y de los costos logísticos afecta directamente al sector agropecuario. Si el conflicto se extiende, estas presiones podrían intensificarse y repercutir en el nivel de actividad económica.
En materia de inflación, el escenario también presenta riesgos. El encarecimiento de la energía y los alimentos tiende a trasladarse a los precios. No obstante, Uruguay enfrenta esta situación con una inflación relativamente baja, en torno al 2,9%, lo que brinda cierto margen de acción a las autoridades.
El FMI también subrayó la importancia de que los bancos centrales mantengan su independencia, refuercen la comunicación y actúen con cautela frente a la volatilidad. En cuanto a la política fiscal, recomendó medidas focalizadas y temporales para evitar un deterioro de las cuentas públicas.
Como elemento positivo, el organismo destacó el potencial de la inteligencia artificial para impulsar la productividad en el largo plazo, aunque con efectos dispares entre sectores.
Finalmente, Eilender recordó el antecedente de la guerra entre Rusia y Ucrania, que en 2022 redujo en aproximadamente un punto porcentual el crecimiento global. Si bien el impacto actual sería menor, no se descarta que aumente si el conflicto en Medio Oriente se prolonga.
Fuente: Carve