Los resultados de las elecciones de Brasil dejaron muchos temas de análisis; pues más allá de la reelección del mandatario Luiz Inacio Lula Da Silva, la paridad y los desafíos que se vienen son relevantes no solo para Brasil, sino para la región y el mundo.
En ese sentido, ComexLatam dialogó con el consultor especializado en comercio internacional, integración económica y negocios internacionales, el uruguayo Ignacio Bartesaghi, quien destacó que los resultados ya muestran que Brasil pidió un cambio, más allá del triunfo electoral de Lula.
¿Qué diferente es ese triunfo de Lula con respecto a los anteriores?
Es muy diferente, primero porque Lula tiene un desgaste de su gobierno y de su figura muy considerable. Lula no termina de recuperar 100% la imagen que perdió con su episodio de la cárcel, porque no olvidemos que a Lula no se le dice que es inocente, sino que cuestionó el procedimiento de cómo lo jugaron y por eso está fuera de la cárcel. El Brasil de este gobierno de Lula tiene algunos problemas económicos, obviamente asociados a la defensa fiscal, pero también a un costo de vida en Brasil que ha aumentado mucho y que tiene algunos impactos en términos de política interna. Hay un aumento de la inseguridad también en su periodo, o sea, hay asuntos de agenda interna que hacen que Lula esté deteriorado desde el punto de vista de su imagen. Y el resultado de la primera vuelta electoral es muestra de ello. Entonces, con la cantidad de gobernadores que ganó Flavio Bolsonaro está claro que Brasil ya solicitó un cambio. Lo que ocurre es que en esta segunda vuelta dieron resultado las políticas tan populistas seguidas por Lula, como bajar las horas laborales o dar transporte gratis los fines de semana. ¿Pero todo eso quién lo paga? Por supuesto que a eso se le suma una movilización muy fuerte que tiene el PT y los errores propios de Bolsonaro.
¿Los cuestionamientos del proceso electoral ya quedaron atrás?
La verdad es que la elección no fue 100% limpia por algunas cosas que ocurrieron, pero tampoco uno puede decir que hay señales clarísimas de fraude. Creo que ni el propio partido de Bolsonaro lo está viendo así y bueno, más allá del no reconocimiento de los presidentes de Argentina y EEUU, Javier Milei y Donald Trump, respectivamente, el mundo empieza a reconocer esa elección y ya el sistema está cerrado. Pero eso también es parte de que Lula enfrenta un Brasil totalmente distinto al de su gobierno anterior, ya que tiene un desgaste de su política internacional, que no ha sido buena, y en la que ha cometido errores, con una visión inapropiada sobre la guerra de Ucrania, ha tenido un vínculo con Irán algo delicado, ha tenido una visión del conflicto del Medio Oriente que también genera muchas diferencias en sus vínculos con otras potencias. Creo que ha querido jugar un rol en la política internacional que no está jugando y está incómodo con un Milei que no logra controlar, que lo ataca como ha sucedido, pero vamos a decir las cosas como son, Lula también ha intervenido en la política argentina. No es solo Milei, aunque el estilo inapropiado del presidente argentino hace que se lo responsabilice más que a Lula.
¿Y cómo queda la gobernabilidad de este gobierno de Lula?
Creo que va a intentar apostar mucho a las políticas sociales, y a intentar incomodar a ese Congreso que, de repente, le va a poner algunos límites a las políticas sociales que pretende desplegar Lula en un país que tiene un déficit fiscal creciente y al que los mercados observan con mucha atención. Entiendo que Lula va a tener que ceder un poco y va a querer responsabilizar al Congreso de que algunas políticas sociales no van a poder tener la dimensión que Lula pretende. Pero para acordar, para tener gobernabilidad, va a tener que ceder en algún punto en esas políticas. También va a tener que ceder en algún punto con su retórica de política internacional. Va a tener que acordar, además de lo que implica acordar con las diferentes regiones de Brasil y qué concesiones se les da. Imagino una gobernabilidad complicada para Lula, con posibilidad de acuerdos siempre y cuando modere o retroceda alguna de sus propuestas. Si Lula no logra acelerar en cómo atender la cuestión de la seguridad, si no logra cómo responder en política internacional más adecuadamente a los intereses de Brasil, que es un equilibrio mayor con EEUU y hacer el esfuerzo de tener un mejor relacionamiento con Argentina, va a ser complicado. Porque es lo que decía antes: el cambio en Brasil, para mí, ya está. Creo entonces que va a tener que ceder porque, si no lo hace, el conflicto social puede aumentar y eso puede generar incentivos para cambiarlo.
¿Cómo hace Brasil y con el gobierno de Lula para navegar esta nueva ola y tratar de ser líder regional y a nivel mundial?
Yo creo que la carta de presentación de Brasil va a seguir siendo la misma. Estamos hablando de que siempre va a ser una de las grandes economías del mundo. Esa es su carta de presentación. Después se puede discutir la estrategia de política internacional, su participación en los organismos internacionales, su rol en los BRICS, su presencia en África, pero su carta de presentación es ser la principal economía de América Latina. Ese es el liderazgo natural de Brasil. Siempre todo el mundo quiere hablar con Brasil. Ni Estados Unidos se puede dar el lujo de hablar con Brasil. Pero tenemos que entender también que dentro de la carta de presentación de Brasil está su crecimiento económico. Y por eso es tan importante que Brasil crezca y que supere este problema de crecimiento estructural que tiene toda América Latina. Para mí esa es la clave de Lula. Cómo hacer que Brasil crezca. Cómo hacer que Brasil siga siendo un gran jugador a nivel mundial en alimentos, que siga manteniendo sus nichos de industria exitosos que tiene, por ejemplo, en aeroespacial. El rol de Brasil tiene que ser el de un actor que en la agenda global siempre va a tener algo para decir. En los temas ambientales o en su vínculo con Asia, ya que es clave para China.
¿Cómo quedan las alianzas?
Lula ha sido bastante pragmático en aceptar tremendos golpes de la intervención de Estados Unidos en América Latina. La pérdida de liderazgo de Lula en su primer mandato también tiene que ver con que no resolvió los problemas de América Latina. Históricamente Brasil quiere liderazgo sin pagar los costos. Pero el que quiere ser líder tiene que pagar los costos. El líder enfrenta tensiones y enfrenta a los que no están a su favor. El líder tiene que saber que para avanzar cuatro pasos, de repente tiene que retroceder dos. Pero, por ejemplo, Brasil quiere que Uruguay lo aplauda, pero después dice que Uruguay no puede negociar un TLC con China. Así es como los liderazgos se van perdiendo y, en este caso, se le dio vuelta casi toda América Latina. No en todos los casos son como Milei, pero sí bastante más cerca de Trump que lo que son de Lula. Entonces, en ese nuevo escenario, Lula queda incómodo y por ello sale a buscar nuevos aliados. Siempre va a sostener su alianza con China, que es la gran ganadora con el resultado de las elecciones en Brasil. Por otra parte, lo que a mi juicio va a ser Brasil, desde la retórica y no tanto desde la realidad, es una agenda muy ambiciosa que viene de acuerdo con potencias asiáticas. Y por eso está hablando ahora de Vietnam, Japón o Indonesia. Va por ahí por dos motivos: uno porque quiere hacer como que el Mercosur unido va bien, para frenar las corrientes bilaterales que plantean Uruguay y Argentina
¿Qué vislumbra para el futuro cercano?
Soy bastante optimista y creo que en 2027 se vienen treguas en los grandes conflictos y se viene mayor apertura. Estamos en un periodo de transición en el que vemos una olla a presión por explotar. Entonces, es necesario liberar esa presión con una tregua en Ucrania y en Medio Oriente; fundamentalmente en Irán, porque hasta la propia China entiende que es necesario debido a los problemas de crecimiento de China temporal. Creo que Trump quire ir hacia una tregua y dirá que soluciona las guerras. Pero también creo que va a intentar un cambio de régimen en Cuba, lo que puede ser histórico y mucho más importante que lo de Venezuela, por ejemplo.
Se está viendo en la mayoría de las elecciones de los países de América del Sur una polarización y elecciones que se resuelven por muy poco margen. ¿Cómo se leen estos resultados?
No todos los países tienen esas dos partes tan enfrentadas. No es lo mismo la diferencia que existe entre las dos partes en Uruguay y en Argentina. Pero todo depende de la institucionalidad. Si bien discrepo con algunos analistas que dicen que en Uruguay no hay grieta, pues yo creo que sí hay grieta, pero a la escala uruguaya. En Uruguay la garantía son los partidos políticos, algo que no pasa en Perú, Brasil ni Argentina, por ejemplo. Pero esa polarización lo que está reflejando es una crisis de la democracia a nivel mundial. El problema de fondo es el modelo. Y ese modelo que conocemos y vivimos es el que no queremos perder. Los que tenemos historia reciente (de dictaduras) no queremos perder ese modelo por las cosas que vivimos. Pero debemos reconocer que la democracia enfrenta enormes desafíos y está atravesando un momento muy complicado. Entonces, el mundo está en transición, y está cuestionando todo lo que armamos después de la Segunda Guerra Mundial, con organismos internacionales e instituciones. Hay una crisis enorme en la democracia en el mundo. Y esa crisis de la democracia es aprovechada por los otros modelos. Creo que la democracia tiene un enorme desafío porque no está respondiendo a los intereses de la sociedad. Porque la democracia está manchada con enormes actos de corrupción, con una incapacidad para resolver los problemas de la gente. Entonces aparecen perfiles autoritarios porque los otros mostraron esa incapacidad que mencionaba.
¿Cuál es el peligro más cercano de esta dinámica?
Lo estamos viendo en Europa. Termina en crisis sociales generadas por gente que desconfía. En las revueltas sociales, sin ningún tipo de control, e incentivadas por intereses externos y por otros temas que no tienen nada que ver. Y todo esto, sumado a una crisis de valores, hacen la tormenta perfecta.
¿Esto genera terreno fértil para los populismos?
Exacto. Lo estamos viendo, porque en definitiva la gente vota por desesperación. Entonces, cualquier figura política haciendo o diciendo cualquier barbaridad puede llegar a ser presidente, lo que demuestra la desconexión total entre el sistema y la población.