El crecimiento de los terminales portuarios en Brasil ha superado al desarrollo de la infraestructura que los respalda, generando cuellos de botella y limitaciones operativas que afectan la eficiencia logística y la competitividad del comercio exterior del país. Según Roberto Paveck, economista con amplia experiencia en transporte y logística portuaria, aunque los terminales han incrementado su capacidad de manejo de cargas, la red de accesos terrestres y la integración con otros modos de transporte no han seguido el mismo ritmo.
En los últimos años, los puertos brasileños han experimentado mejoras significativas en su capacidad de procesamiento, modernización de equipos y eficiencia interna, lo que ha permitido manejar mayores volúmenes de contenedores y cargas a granel. Sin embargo, esta expansión se ha visto limitada por la falta de inversión proporcional en carreteras, ferrocarriles y sistemas intermodales, esenciales para transportar la carga desde los centros productivos hasta los puertos y viceversa.
El desajuste entre terminales y la infraestructura de acceso genera demoras en la salida de mercancías, congestión en los muelles y mayores costos logísticos, lo que repercute directamente en la competitividad de Brasil en los mercados internacionales. Sectores estratégicos, como la agroindustria, la minería y la industria manufacturera, se ven especialmente afectados, ya que dependen de la eficiencia portuaria para cumplir con los cronogramas de exportación y mantener la confiabilidad frente a los clientes internacionales.
Paveck destaca que, aunque los terminales cuentan con mayor capacidad y modernización tecnológica, la logística posterior a la descarga o carga sigue siendo un problema estructural. La predominancia del transporte carretero para conectar los centros de producción con los puertos ha generado saturación en las rutas clave, lo que aumenta los tiempos de tránsito y eleva los costos operativos. La limitada participación del transporte ferroviario y la insuficiente interconexión entre distintos modos de transporte agravan la situación, reduciendo la eficiencia del sistema portuario en su conjunto.
Esta brecha entre capacidad portuaria y soporte logístico tiene implicaciones directas sobre la competitividad del comercio exterior brasileño. Las empresas exportadoras enfrentan retrasos, costos adicionales y dificultades para planificar el transporte con precisión. Además, los periodos de alta demanda exponen aún más las deficiencias, aumentando la congestión y la posibilidad de pérdidas económicas.
El escenario pone de relieve la necesidad de una planificación estratégica integral que combine la expansión portuaria con inversiones en infraestructura de acceso y conectividad. Esto incluye la mejora de carreteras críticas, la ampliación de la participación del transporte ferroviario y el desarrollo de soluciones intermodales que faciliten la circulación eficiente de mercancías. La coordinación entre el sector público y privado resulta esencial para cerrar la brecha existente y garantizar que los avances en los terminales se traduzcan en un sistema logístico más competitivo y sostenible.
Roberto Paveck advierte que, de no abordarse estas deficiencias estructurales, Brasil corre el riesgo de limitar los beneficios de la modernización portuaria, afectando la capacidad de sus puertos para absorber un volumen creciente de comercio exterior y comprometiendo su posición en mercados internacionales. Para el país, el desafío consiste en sincronizar la expansión portuaria con la infraestructura de apoyo, asegurando un flujo de carga ágil, confiable y competitivo en los próximos años.
Fuente: A Tribuna