En un movimiento preventivo frente a crecientes tensiones en el mercado energético regional, el gobierno de Uruguay resolvió profundizar los controles sobre la comercialización de gasoil en zonas de frontera, con el objetivo de asegurar el abastecimiento interno y evitar distorsiones en la distribución.
La medida responde a una combinación de factores que comienzan a presionar sobre la disponibilidad del combustible. Por un lado, los precios domésticos se ubican por debajo de la paridad de importación, lo que genera incentivos para una mayor demanda en áreas limítrofes. Por otro, el contexto internacional —marcado por la inestabilidad en Medio Oriente— está afectando la oferta regional de gasoil.
De acuerdo con el decreto emitido el 27 de marzo, el Poder Ejecutivo encomendó a las autoridades regulatorias intensificar el monitoreo de las ventas en frontera y analizar la adopción de acciones adicionales que permitan sostener la regularidad del suministro en todo el territorio.
La decisión se produce en un momento en que comienzan a evidenciarse señales de estrés en países vecinos. La estatal ANCAP advirtió sobre episodios recientes de faltantes en el sur de Brasil, una situación que podría trasladar presión hacia el mercado uruguayo, especialmente en regiones fronterizas con alta circulación de bienes y servicios.
Fuentes del sector señalan que estos diferenciales de precios, combinados con restricciones logísticas o de oferta en la región, pueden derivar en desvíos de consumo y en un incremento atípico de la demanda local, comprometiendo la planificación del abastecimiento.
En este escenario, el gobierno busca anticiparse a posibles disrupciones reforzando la supervisión en puntos críticos del sistema. La medida también pone de relieve el carácter estratégico del gasoil para la economía uruguaya, dado su rol central en el transporte de cargas y en las cadenas logísticas vinculadas al comercio exterior.
Analistas coinciden en que la iniciativa refleja una creciente sensibilidad de los países del Cono Sur ante shocks internacionales en energía, y una mayor disposición a intervenir de forma temprana para resguardar la estabilidad del mercado interno frente a un entorno global volátil.