“Los puertos que no comiencen hoy a prepararse para manejar hidrógeno y sus derivados quedarán fuera de las futuras rutas globales de comercio energético”. Con esa definición contundente, Raúl Oberreuter, especialista de la firma internacional Port Consultants Rotterdam (PCR), sintetizó en una entrevista exclusiva con H2NEWS el desafío que enfrentan los sistemas portuarios de Chile y América Latina frente a la transición energética.
El consultor advirtió que la ventana de oportunidad para posicionarse como actores relevantes no será indefinida. La demanda internacional por combustibles limpios crece con rapidez, mientras que los estándares técnicos, ambientales y de seguridad se están consolidando principalmente en Europa y Asia. En ese contexto, la infraestructura portuaria deberá evolucionar aceleradamente si pretende integrarse a las nuevas cadenas logísticas basadas en hidrógeno verde, amoníaco y e-fuels.
Desde la perspectiva de PCR, Chile mantiene una percepción positiva en los mercados internacionales respecto de su potencial exportador, aunque el avance de los proyectos muestra cautela. Un aspecto valorado es el impulso a la infraestructura portuaria compartida, que permite optimizar inversiones y acelerar escalas productivas, aunque también plantea desafíos regulatorios, técnicos y de gobernanza que requieren coordinación entre el Estado y el sector privado.
Uno de los principales déficits identificados es la falta de planificación estratégica temprana y flexible. Hace apenas dos años, el mapa de proyectos evidenciaba una escasa articulación público-privada y una limitada visión de largo plazo para acompañar el potencial exportador del país. Esa anticipación habría permitido detectar con mayor claridad los ajustes normativos necesarios, las brechas logísticas y las oportunidades de alianzas estratégicas, evitando demoras en los procesos de aprobación.
Chile cuenta con ventajas competitivas difíciles de replicar, como recursos solares y eólicos de clase mundial que permiten una generación renovable a bajo costo. Para PCR, la infraestructura portuaria debe localizarse en esos polos de generación para capturar economías de escala y facilitar tanto la exportación como el abastecimiento de combustibles alternativos al transporte marítimo. La planificación debe combinar una mirada macro-zonal con diseños flexibles que permitan un crecimiento por etapas, comenzando por la logística de construcción y evolucionando luego hacia operaciones de exportación y bunkering.
Aunque aún no existen hubs de hidrógeno plenamente consolidados en el mundo, Oberreuter remarca la importancia de una planificación multinivel desde el inicio, con participación de múltiples actores y esquemas de riesgo compartido. También subraya la necesidad de integrar tempranamente a las comunidades locales, generando impactos positivos en formación profesional, desarrollo urbano, innovación, fortalecimiento de proveedores y gestión pública, para construir un ecosistema que otorgue previsibilidad a los inversores y beneficios sociales sostenidos.
La experiencia de Port Consultants Rotterdam se apoya en el desarrollo de uno de los puertos más importantes del mundo y se ha traducido en múltiples proyectos en Chile, que incluyen planes maestros portuarios con proyección hacia el hidrógeno y el amoníaco, estudios normativos y de seguridad, optimización de iniciativas en Magallanes y acompañamiento a empresas portuarias estatales en procesos de transición tecnológica vinculados a futuras renovaciones de concesiones.
En materia de seguridad, el especialista destaca los avances regulatorios impulsados por el gobierno chileno, aunque considera que pueden acelerarse tomando como referencia estándares internacionales ya consolidados en Europa, Japón y Estados Unidos. Establecer criterios tempranos permitiría reducir incertidumbres, facilitar permisos y asegurar que la infraestructura opere bajo los más altos niveles de seguridad humana y ambiental.
Pese a las incertidumbres geopolíticas y a la desaceleración coyuntural en algunos foros internacionales, la agenda de descarbonización marítima continuará avanzando. Los puertos deberán adaptarse a nuevas exigencias regulatorias y redefinir sus modelos operativos. En ese proceso, emergen nuevos modelos de negocio vinculados a la eficiencia energética, la provisión de combustibles alternativos y la integración de tecnologías limpias.
Para Oberreuter, América Latina —y especialmente Chile— aún tiene la oportunidad de ocupar un lugar relevante en la futura cadena global del hidrógeno verde, siempre que acelere su capacidad de planificación, coordinación público-privada y desarrollo de infraestructura. La transición energética no es solo un desafío tecnológico, sino también institucional, logístico y social. La capacidad de los puertos para anticiparse y adaptarse determinará su permanencia en las futuras rutas del comercio energético global.