Paraguay concretó en 2026 una emisión de bonos soberanos íntegramente en guaraníes por el equivalente a US$ 1.000 millones, en una operación que profundiza la estrategia oficial de desarrollar el mercado de capitales local y reducir la exposición al riesgo cambiario. El análisis difundido por Alexandre Perini, especialista en estrategia económica e inversión en Paraguay, aportó contexto sobre el alcance estructural de la medida.
Según el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), la colocación cubrió la totalidad de las necesidades de financiamiento autorizadas en el Presupuesto General de la Nación y contribuyó a fortalecer la curva de rendimientos en moneda doméstica. La emisión ascendió a G. 6,5 billones, con un plazo de 12 años y una tasa del 8,5% anual.
Tras la operación, la proporción de deuda pública en guaraníes aumentó al 22%, desde el 8,3% en 2023. No obstante, el perfil del endeudamiento sigue altamente dolarizado: el 80,6% del stock permanece denominado en moneda extranjera.
Al cierre de 2025, la deuda pública total se ubicaba en 41,2% del Producto Interno Bruto (PIB), equivalente a US$ 20.409 millones. En este contexto, el mayor peso del financiamiento en moneda local busca mitigar la vulnerabilidad frente a shocks externos, en particular los asociados a la volatilidad cambiaria y a cambios en las condiciones financieras internacionales.
Para los inversores locales, la operación refuerza el protagonismo del mercado doméstico y reduce gradualmente la dependencia del financiamiento en dólares. Para el mercado internacional, la emisión en guaraníes envía una señal de confianza en la estabilidad macroeconómica y en la capacidad del país para desarrollar instrumentos en su propia moneda.
El desafío, advierten analistas del mercado, es sostener la credibilidad fiscal y profundizar el desarrollo del mercado local. La consolidación de una curva de rendimientos en guaraníes es un paso necesario para que la estrategia tenga impacto duradero. En la medida en que esa curva gane profundidad y liquidez, el efecto podría trasladarse al financiamiento corporativo, ampliando el acceso de las empresas a capital en moneda local y reduciendo su exposición al riesgo cambiario.
Queda abierta la discusión sobre si la operación marca el inicio de una desdolarización gradual y sostenida de la deuda pública o si su continuidad dependerá del contexto financiero global y de la consistencia de la política fiscal en los próximos años.