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Ricardo Sánchez: 4 dimensiones, 10 desafíos para los puertos del mundo

Publicado 10 abril, 2026
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9 Mins. de lectura
Imagen: EATFImagen: EATF

El doctor en economía Ricardo Sánchez, reconocido internacionalmente por su trayectoria en infraestructura y economía portuaria y marítima, participó este miércoles del Encuentro Argentino de Transporte Fluvial organizado por Juan Carlos Venesia. Allí presentó su exposición titulada “Desafíos actuales para los puertos, el transporte fluvial y marítimo”, con una mirada global que trasciende lo regional.

Desde el inicio, Sánchez dejó un mensaje central que marcó el tono de toda su presentación: “El paradigma de la eficiencia pura quedó ineficiente. Debemos agregar resiliencia, confiabilidad y aceptabilidad, junto con la geopolítica, como condiciones de competitividad. Corresponde a los actores principales, a los dirigentes, a los líderes, lanzar estas estrategias, conectarse con el sector privado, con el sector productivo, con los trabajadores de la industria, para lograr esa implementación en un contexto turbulento”.

Según explicó, hoy los puertos del mundo operan en una realidad profundamente transformada. La convergencia de tensiones geopolíticas, conflictos militares, reestructuraciones corporativas y una desaceleración económica selectiva ha configurado una “policrisis sin precedentes”. De hecho, recordó que el Global Risk Report del Foro Económico Mundial identifica a la confrontación geoeconómica como el principal riesgo global esperado para 2026 y 2027.

Para ordenar este escenario, Sánchez propuso analizar la realidad portuaria a través de cuatro dimensiones fundamentales: la geopolítica, la militar y de seguridad, la económica y la corporativa.

En la dimensión geopolítica, el especialista destacó cómo la rivalidad entre Estados Unidos y China ha alcanzado el dominio marítimo. Ya no se trata únicamente de una confrontación estratégica o comercial, sino de una disputa que impacta directamente en la logística global. Como ejemplo, mencionó la orden ejecutiva 14269 del gobierno estadounidense, que introduce una política industrial marítima con fuerte énfasis en la seguridad nacional, incluyendo cargos a buques de construcción extranjera que podrían generar hasta 50 mil millones de dólares anuales. También señaló el caso de Panamá, donde la anulación del contrato de concesión al grupo Hutchison derivó en represalias por parte de China, incluyendo la detención de buques panameños. En paralelo, Europa avanza en políticas que condicionan el acceso de operadores extranjeros a criterios de seguridad económica. Todo esto, resumió, evidencia que los puertos han dejado de ser simples nodos de intercambio comercial para convertirse en piezas clave de la seguridad nacional.

La segunda dimensión, vinculada a los asuntos militares y de seguridad, refuerza esta transformación. Sánchez recordó los ataques hutíes en el Mar Rojo a fines de 2023, que obligaron a desviar rutas por el Cabo de Buena Esperanza, agregando miles de millas náuticas a los recorridos, con impactos directos en costos, tiempos y emisiones. A esto se suma la tensión en el estrecho de Ormuz, en el marco del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, que afecta a cerca del 10% de la flota mundial y a más de dos millones de TEU, especialmente en el transporte de hidrocarburos. Además, advirtió sobre la creciente vulnerabilidad de infraestructuras críticas, como lo evidenció el sabotaje al gasoducto Nord Stream, lo que pone en primer plano la ciberseguridad como condición de acceso a las cadenas logísticas globales.

En la dimensión económica, el panorama también es complejo. Tras alcanzar un máximo histórico en 2024, el comercio global comenzó a mostrar señales de desaceleración, con caídas como el 8% en las exportaciones de Estados Unidos. Este escenario abrió oportunidades para nuevos actores como India, países africanos y algunos de América Latina, pero también expuso desafíos estructurales. Entre ellos, el exceso de capacidad de la flota marítima —con un libro de órdenes equivalente al 34% de la flota activa—, la presión sobre los fletes y el fuerte aumento del precio de la energía, que creció un 64% en lo que va de 2026. A esto se suman problemas de congestión, costos crecientes, exigencias de sostenibilidad impulsadas por la OMI y un rezago significativo en infraestructura en América Latina, donde ningún país figura entre los 50 mejores en desempeño logístico.

La cuarta dimensión, la corporativa, muestra una industria en plena consolidación. Las navieras avanzan en fusiones, adquisiciones e integración vertical, extendiéndose hacia terminales portuarias y servicios logísticos. Este proceso redefine el rol de los puertos y acelera su reconfiguración a escala global.

A partir de este diagnóstico, Sánchez planteó que estas cuatro dimensiones no solo explican el presente, sino que dan lugar a diez grandes desafíos que enfrentan hoy los puertos del mundo.

El primero de ellos surge directamente de la geopolítica: la creciente “geopolitización” del comercio marítimo introduce nuevas capas de costos y exigencias regulatorias. Los puertos deben adaptarse rápidamente a este entorno más complejo, algo que en América Latina resulta especialmente difícil debido a la baja inversión y a procesos aún poco modernizados.

En esa misma línea, la securitización de la infraestructura portuaria aparece como un segundo gran desafío. Los puertos ya no son considerados únicamente activos económicos, sino también estratégicos para la seguridad nacional, lo que redefine sus estándares operativos y regulatorios.

El avance de la consolidación corporativa configura otro reto clave. Las fusiones, adquisiciones e integraciones verticales modifican las reglas de competencia y obligan a los puertos a reposicionarse frente a actores cada vez más concentrados y con mayor poder de mercado.

Al mismo tiempo, se impone la necesidad de repensar las concesiones portuarias. Diseñadas originalmente bajo criterios comerciales, hoy están atravesadas por tensiones geopolíticas. El caso de Panamá ilustra cómo las decisiones sobre qué operadores pueden participar ya no son solo técnicas, sino también estratégicas, en un contexto donde América Latina tiene cerca de un cuarto de su capacidad en proceso de renovación de concesiones.

La competencia global también se intensifica. Mega proyectos en distintos continentes compiten por volúmenes en un escenario de demanda incierta. En la región, iniciativas como Chancay, la expansión del puerto de Santos o los proyectos vinculados al Canal de Panamá reflejan esta dinámica, aunque no todos avanzan al mismo ritmo.

Otro frente crítico es la vulnerabilidad climática. Los daños a infraestructuras portuarias por eventos extremos alcanzan miles de millones de dólares, y apenas dos tercios de los grandes puertos cuentan con estrategias de adaptación, lo que expone una brecha significativa.

A esto se suma la presión estructural derivada de las disrupciones logísticas y la sobrecapacidad de flota. Los desvíos de rutas, combinados con el exceso de oferta, generan una volatilidad creciente en los arribos y episodios de congestión intermitente. En este contexto, la resiliencia operativa y la integración digital pasan a ser tan determinantes como la infraestructura física.

La fragmentación regulatoria constituye otro desafío relevante, con múltiples capas normativas que encarecen y complejizan el comercio internacional, tal como lo evidencian las recientes medidas adoptadas por Estados Unidos.

En paralelo, se consolida un cambio de paradigma: la eficiencia ya no alcanza por sí sola. La competitividad portuaria ahora exige resiliencia, confiabilidad y aceptabilidad en un entorno atravesado por la geopolítica.

Finalmente, Sánchez subrayó que el cambio en el rol de los puertos es tan profundo que obliga a integrarlos en estrategias de desarrollo más amplias. Ya no pueden pensarse de manera aislada, sino como parte de políticas económicas, productivas, logísticas y de seguridad nacional. La evidencia internacional muestra que las principales economías del mundo han avanzado en esta dirección en los últimos años, articulando estrategias marítimo-portuarias con sus modelos de desarrollo.

En un escenario global marcado por la incertidumbre y la transformación, los puertos dejan de ser simples infraestructuras para convertirse en actores centrales del nuevo orden económico y geopolítico.

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