La posibilidad de que Brasil alcance una carga impositiva sobre el consumo del 31,3 % encendió señales de alerta en los mercados y entre sus socios del Mercosur. Aunque se trata de una estimación y no de una tasa definitiva, el escenario abre interrogantes sobre la competitividad de la mayor economía sudamericana y plantea nuevas oportunidades para Paraguay y Uruguay, dos países que buscan posicionarse como destinos de inversiones brasileñas.
En las últimas horas trascendió que, como resultado de la reforma tributaria en curso, Brasil podría alcanzar una tasa de imposición al consumo del 31,3 %, superando el 27 % que aplica Hungría, considerado uno de los niveles más elevados del mundo. En América Latina, las tasas generales del IVA son considerablemente inferiores: Uruguay aplica el 22 %, Chile y Colombia el 19 % y México el 16 %.
El origen de esta proyección se encuentra en la tasa de referencia del 11,3 % para la Contribución sobre Bienes y Servicios (CBS), de carácter federal, fijada a fines de octubre por el Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU) de Brasil. A este componente se sumaría el Impuesto sobre Bienes y Servicios (IBS), correspondiente a estados y municipios, estimado entre el 19 % y el 20 %. La combinación de ambos tributos arrojaría una tasa potencial de entre el 30,3 % y el 31,3 %.
Sin embargo, el porcentaje máximo todavía no constituye una tasa definitiva. La reforma tributaria brasileña se encuentra en proceso de implementación y contempla una transición que se extenderá hasta 2033. Sus efectos sobre los precios, la competitividad y las decisiones de inversión dependerán de las reglas y ajustes que se establezcan durante ese período.
Más allá de las implicancias fiscales internas, el escenario comienza a generar expectativas en los países vecinos ante la posibilidad de que empresarios brasileños busquen alternativas para desarrollar sus actividades, establecer residencia fiscal o canalizar nuevas inversiones fuera de su mercado de origen.
En este contexto, Paraguay y Uruguay aparecen como dos destinos con condiciones diferentes para captar esos capitales. Paraguay ha consolidado durante los últimos años una estrategia de atracción de inversiones basada en una menor presión tributaria y costos operativos competitivos. Según las cifras difundidas, en los últimos meses se habrían aprobado unas 31.000 residencias fiscales de origen brasileño, un dato que refleja el creciente interés por establecer vínculos económicos con el país.
Uruguay, por su parte, cuenta con ventajas vinculadas a su estabilidad institucional, seguridad jurídica y calidad de vida, aunque enfrenta el desafío de mejorar sus condiciones de competitividad frente a otros destinos de la región.
El economista uruguayo Ignacio Munyo, presidente del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES), advirtió sobre las dificultades fiscales que enfrenta Brasil y sus posibles consecuencias para la inversión.
«El presidente Lula ganó, pero no puede festejar. Tendrá que realizar un ajuste fiscal de una magnitud nunca vista en sus anteriores gobiernos», sostuvo Munyo, quien también señaló que «aumentar impuestos podría desalentar las inversiones que Brasil tanto necesita para recuperar el crecimiento económico».
Para el economista, esta situación podría impulsar a empresarios brasileños a buscar alternativas en países vecinos, lo que representa una oportunidad que Uruguay debería aprovechar.
Munyo destacó que el país dispone de atributos importantes para atraer capitales, particularmente su institucionalidad y calidad de vida. No obstante, advirtió que compite directamente con Paraguay, que lleva años desarrollando políticas orientadas a captar inversiones extranjeras mediante una estructura de impuestos y costos más bajos.
En ese sentido, consideró fundamental que Uruguay no se limite a sus ventajas tradicionales, sino que avance en la mejora de las condiciones para invertir y en el fortalecimiento de los incentivos destinados a atraer nuevos capitales.
«Sería conveniente que el país impulsara una nueva iniciativa para atraer residentes fiscales con foco en Brasil», planteó el presidente de CERES.
La competencia entre Uruguay y Paraguay adquiere así una nueva dimensión en un escenario regional marcado por los cambios tributarios y la búsqueda de condiciones más favorables para la inversión. Mientras Paraguay apuesta a consolidar su atractivo mediante menores costos, Uruguay enfrenta el desafío de transformar sus fortalezas institucionales en ventajas concretas para los empresarios que evalúan trasladar parte de sus actividades o inversiones.
«Lula debe recuperar la confianza de los inversores, Uruguay debe ganársela, y no debería dejar pasar esta oportunidad», concluyó Munyo.