Estados Unidos acusó a la naviera estatal china COSCO de utilizar algunos de sus buques comerciales para obtener información vinculada a comunicaciones militares y movimientos marítimos estratégicos.
La acusación fue formulada por dos altos funcionarios de la administración de Donald Trump, quienes señalaron que embarcaciones de la compañía contarían con equipos ocultos capaces de interceptar señales de comunicaciones. Según la evaluación estadounidense, estas capacidades permitirían recopilar información en distintas regiones, entre ellas Europa, América del Norte y Asia.
Los funcionarios sostienen que el objetivo sería obtener datos sobre tecnologías de comunicación militar, sistemas de encriptación y movimientos de buques y aeronaves. También afirman que la información podría contribuir al seguimiento de rutas marítimas relevantes para el comercio internacional y para la actividad militar.
Washington no difundió detalles técnicos que permitan identificar públicamente los equipos mencionados ni presentó evidencia que haya sido verificada de manera independiente.
China rechaza las acusaciones
El Gobierno chino negó las afirmaciones estadounidenses. La Embajada de China en Washington sostuvo que Beijing no ordena a empresas o particulares recopilar información en el exterior en incumplimiento de las leyes de otros países y calificó las acusaciones de infundadas.
COSCO, por su parte, negó posteriormente que sus sistemas a bordo tengan funciones de inteligencia o vigilancia militar y afirmó que sus equipos están destinados exclusivamente a operaciones comerciales, navegación, comunicaciones y situaciones de emergencia.
Una acusación con impacto sobre el comercio
El caso adquiere especial relevancia para el sector logístico por la posición de COSCO dentro del transporte marítimo mundial. La compañía opera rutas y mantiene presencia en numerosos puertos internacionales, incluidos los de Estados Unidos.
Cualquier medida que limite sus operaciones podría tener consecuencias sobre las cadenas de suministro, los servicios portuarios y las rutas comerciales que conectan Asia con los mercados occidentales. Expertos citados por Reuters advierten que reducir significativamente la participación de COSCO en las redes comerciales estadounidenses sería complejo debido al nivel de integración de la naviera en el sistema de transporte.
La tensión se suma, además, a una relación comercial entre Washington y Beijing marcada por disputas arancelarias, restricciones tecnológicas y medidas dirigidas al sector marítimo. En enero de 2025, el Pentágono había incorporado a COSCO a su listado de empresas consideradas vinculadas al aparato militar chino, una designación que no constituye por sí misma una sanción económica.
El episodio vuelve a poner en primer plano la creciente intersección entre seguridad nacional, infraestructura portuaria y comercio internacional, en un momento en que Estados Unidos y China buscan administrar una relación estratégica que combina competencia económica y cooperación comercial.