La entrada en vigor del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur implicará un proceso de adaptación para Argentina, que incluirá reformas económicas, comerciales y regulatorias, coincidieron representantes europeos durante el Foro Económico Catalunya-Cono Sur 2026, realizado el 2 de julio en el Auditorio de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC).
El embajador de España en Argentina, Joaquín María de Arístegui Laborde, sostuvo que el tratado representa una oportunidad de desarrollo para ambos bloques, aunque advirtió que su implementación no estará exenta de costos. «Nada es mágico ni gratuito; exigirá sacrificios», afirmó, al comparar el escenario argentino con el proceso que atravesó España antes de incorporarse a la Unión Europea en la década de 1980.
En la misma línea, el delegado del Gobierno de Catalunya para el Cono Sur, Josep Vives Portell, recordó que el ingreso de España al bloque europeo también estuvo rodeado de incertidumbre, aunque posteriormente impulsó un importante crecimiento económico y urbano. A su juicio, el extenso marco regulatorio del acuerdo debe interpretarse como una oportunidad para fortalecer la integración comercial.
Durante el encuentro, el embajador de la Unión Europea en Argentina, Eric Hoeg, destacó que las economías de ambos bloques son complementarias. Señaló que la UE aporta ventajas competitivas en sectores como maquinaria, vehículos, productos farmacéuticos y químicos, mientras que el Mercosur sobresale por sus exportaciones de alimentos, energía, materias primas y servicios.
Hoeg afirmó que el acuerdo ofrecerá mayor previsibilidad para las inversiones y abrirá nuevas oportunidades de exportación, especialmente para pequeñas y medianas empresas argentinas, al facilitar el acceso a un mercado de alto poder adquisitivo.
Los expositores también coincidieron en que la transición energética europea incrementará la demanda de minerales críticos como el litio y el cobre, recursos de los que Argentina posee importantes reservas. En ese contexto, remarcaron que la inversión europea buscará desarrollar cadenas de valor locales, promover la transferencia tecnológica y cumplir estándares ambientales.
Por su parte, José Antonio Ardavin, jefe de la División América Latina y el Caribe de la OCDE, destacó el potencial estratégico de la región en el suministro global de minerales críticos y planteó la necesidad de avanzar hacia una mayor industrialización para generar mayor valor agregado.
Desde la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el director de la oficina en Argentina, Romain Zivy, consideró que los sectores de minería, energía y agroindustria figuran entre los principales beneficiados por el acuerdo, mientras que algunas actividades manufactureras, junto con las industrias láctea y vitivinícola, podrían enfrentar mayores desafíos por la competencia y las restricciones existentes en el mercado europeo.
Zivy también alertó sobre la caída del comercio intrarregional dentro del Mercosur y señaló que la industria automotriz, principal eje de integración entre los países del bloque, deberá acelerar su reconversión para responder al crecimiento del mercado de vehículos eléctricos, una transformación que podría verse favorecida por la disponibilidad regional de litio y otros minerales estratégicos.
Fuente: Ámbito